Juventud

 

El tabaquismo juvenil se dispara mientras las políticas de prevención desaparecen

En la antesala del Día Mundial sin Tabaco, un informe del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires revela una realidad inquietante: Argentina se posiciona como el segundo país de América con mayor proporción de adolescentes fumadores entre 13 y 15 años, solo superada por Dominica.

Por Dr. Daniel Cassola

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el 20,2% de los adolescentes argentinos en ese rango etario consume tabaco, una cifra que refleja una problemática de salud pública de gran magnitud.

Este panorama se agrava con la reducción significativa de los recursos destinados a la prevención y control del tabaquismo. El informe destaca que, según el Presupuesto Abierto del Ministerio de Economía de la Nación, en 2023 se ejecutaron 303,12 millones de pesos en programas de prevención del tabaquismo, cifra que descendió a 255,33 millones en 2024 y, hasta mayo de este año, apenas se habían ejecutado 11,78 millones de pesos. Esta desfinanciación coincide con una intensificación de las estrategias de las tabacaleras dirigidas a captar a los más jóvenes.

La industria del tabaco ha desplegado una ofensiva global, introduciendo más de 16.000 sabores distintos en productos como cigarrillos electrónicos y tabaco calentado, con una fuerte presencia en redes sociales y campañas publicitarias que apelan a los gustos y preferencias de los adolescentes. En Argentina, a pesar de que la comercialización de estos productos está prohibida por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), empresas como Massalin Particulares han lanzado campañas como “Sin Humo Por Favor”, que han alcanzado millones de visualizaciones en plataformas digitales, eludiendo así la legislación vigente.

La situación se torna aún más preocupante ante la posibilidad de que Argentina se retire de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que implicaría la pérdida de apoyo financiero y técnico internacional, la disminución de la capacidad de incidir en políticas de salud globales y la dificultad para acceder a datos e investigaciones científicas vitales. Además, quedaría comprometida la implementación de instrumentos clave como el Convenio Marco para el Control del Tabaco, que aún no ha sido ratificado por el Congreso argentino.

La falta de políticas de prevención y control del tabaquismo en Argentina, sumada a la agresiva estrategia de marketing de las tabacaleras, ha generado un escenario alarmante en el que los adolescentes se convierten en las principales víctimas.