La nueva cara de la adicción: estrategias de la industria del tabaco para captar a las nuevas generaciones
La industria del tabaco reinventa sus tácticas para captar a nuevos consumidores. Con sabores atractivos y formatos modernos como vapeadores y bolsitas de nicotina, apunta especialmente a jóvenes y adolescentes. Mientras tanto, los gobiernos intentan regular un mercado que crece más rápido que sus leyes.
Por Dr. Daniel Cassola
Durante décadas, la industria del tabaco ha trabajado con una claridad de propósito inquebrantable. William Dunn, del centro de investigación de Philip Morris, dejó en claro ya en 1939 que el cigarrillo no era más que un vehículo: “El cigarrillo debe ser concebido como un envoltorio, el producto es la nicotina”. Esta afirmación, lejos de ser una curiosidad histórica, resume la lógica que aún guía a esta industria. Hoy, frente a la creciente presión sanitaria que ha empujado al cigarro tradicional hacia un rincón del mercado, las empresas tabacaleras redirigen su maquinaria hacia nuevos dispositivos diseñados para garantizar el mismo resultado: mantener viva la adicción a la nicotina, ahora camuflada bajo el disfraz de la innovación.
Los cigarrillos electrónicos y las bolsitas de nicotina representan la punta de lanza de esta nueva ofensiva. Se presentan como alternativas “menos dañinas”, e incluso se promueven como ayudas para abandonar el tabaquismo. Sin embargo, los datos y expertos alertan que estos productos se han convertido en verdaderas puertas de entrada a la nicotina, especialmente entre los más vulnerables: niños y adolescentes. En España, por ejemplo, el uso de vapeadores entre los jóvenes de 14 a 18 años ha superado al del tabaco convencional. Según la última encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad, un 26% de los adolescentes había vapeado en el último mes, frente a un 22% que había fumado cigarrillos tradicionales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la industria del tabaco continúa utilizando tácticas conocidas, como la saturación del mercado con productos atractivos para desviar la atención de los riesgos reales. Rüdiger Krech, director de Promoción de la Salud de la OMS, fue categórico al denunciar que esta estrategia, lejos de ser una solución, es en realidad una extensión del problema. Según alertó en la última Conferencia Mundial de Control del Tabaco celebrada en Dublín, estos productos actúan como preámbulo al consumo de tabaco tradicional. Lejos de ser dispositivos de cesación, son la antesala de una dependencia a largo plazo.
La regulación de estos productos aún está en una etapa incipiente y desigual a nivel mundial. De acuerdo con el más reciente informe de control de tabaco de la OMS, apenas 42 países prohíben su venta, 91 los regulan y 62 no cuentan con ninguna legislación específica. Esta fragmentación regulatoria ha permitido que la industria avance en mercados sin barreras, adaptando sus productos a los gustos juveniles mediante sabores que evocan caramelos, envases coloridos y marketing intensivo en redes sociales y festivales. El objetivo no es oculto: conquistar a los consumidores más jóvenes, cuya plasticidad cerebral y vulnerabilidad emocional los hace más propensos a caer en la adicción.
En este contexto, España ha comenzado a dar pasos para contener la expansión de estos dispositivos. Por un lado, se encuentra en proceso una modificación de la ley del tabaco que extenderá los espacios sin humo, incluyendo a los vapeadores en la prohibición de consumo en terrazas, centros deportivos o piscinas. Por otro, está en trámite un Real Decreto que prohibirá todos los saborizantes de los cigarrillos electrónicos. Esta medida ha sido contestada tanto por la industria, que argumenta que desincentivará a quienes buscan dejar el tabaco, como por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que ha reclamado más evidencia para respaldar la prohibición. No obstante, desde el Ministerio de Sanidad aseguran que se ajustará durante el proceso parlamentario.
La medida busca cerrar los vacíos legales que permiten a los cigarrillos electrónicos comercializarse en tiendas de conveniencia o promocionarse sin restricciones en espacios frecuentados por adolescentes. Equiparar su tratamiento legal al del tabaco convencional es una forma de frenar su normalización entre los jóvenes. Gan Quan, vicepresidente de Control de Tabaco en la organización Vital Strategies, subraya que la industria se esconde detrás de un discurso de ayuda al fumador, cuando en realidad invierte en empaques llamativos y sabores seductores para captar nuevos consumidores. “Están tratando de presentarse como la solución, cuando en realidad son parte del problema”, advierte.
Las bolsitas de nicotina representan otra de las novedades que preocupan a los organismos de salud pública. Inspiradas en el “snus” sueco, estas bolsitas no contienen tabaco, pero sí nicotina sintética y sabores azucarados. Se colocan entre la encía y el labio y ofrecen una potente dosis de la sustancia adictiva. Su regulación es aún más incipiente que la de los vapeadores.
Algunos países han logrado avances importantes. En Países Bajos, la prohibición de los sabores de vapeadores –excepto el de tabaco o sin sabor– mostró resultados prometedores: nueve meses después, el 40% de los usuarios había reducido o abandonado su uso, y un 22% lo había dejado completamente. Brasil, por su parte, mantiene desde 2009 una prohibición total de los cigarrillos electrónicos, reafirmada en 2024 frente a las presiones del lobby tabacalero.
El panorama que se dibuja es el de una industria en reconversión, pero no en retirada. Consciente de que el cigarrillo tradicional pierde terreno, ha volcado sus esfuerzos en presentar nuevas formas de consumo que, aunque revestidas de modernidad y supuesta seguridad, persiguen el mismo objetivo: asegurar una nueva generación de dependientes a la nicotina.